28 octubre 2005

Parte médico

Vekestraatziekenhuis (Hospital de la Vekestraat, es decir, de mi casa), Amberes (Bélgica)

A día de hoy el estado de salud de las dos pacientes es el siguiente:

La enferma numero uno (yo) ha mantenido una progresión favorable y su recuperación es casi total, a excepción de una ligera y ocasional congestión nasal y accesos esporádicos de tos seca. En un par de días se espera que vuelva a estar fresca como una lechuga.

Por el contrario, la enferma numero dos (mi bici), se encuentra aún convaleciente. Lo que en un primer momento se diagnosticó como una lesión superficial ha sufrido serias complicaciones. Al operar, el equipo médico presente descubrió que la pérdida de aire en la rueda delantera se debía a la apertura de una úlcera anterior (una cacho raja de miedo tapada por un parche). La rueda fue sometida a una complicada operación, pero al conectarle el respirador asistido (la bomba de hinchar) la válvula pulmonar sufrió daños irreparables, debido a extrema vejez y otras dolencias. La paciente quedó ingresada en la unidad de cuidados intensivos (el trastero de mi casa) en estado de coma profundo. Ante la gravedad de la situación hizo evidente la necesidad de un trasplante de cámara.

Algunos días después de la primera intervención le fue practicada la operación de trasplante, que desde el principio presentó complicaciones. El órgano de repuesto inicial era del tamaño erróneo, por lo que fue necesario devolverlo a la tienda. Para evitar otro percance semejante la doctora encargada de la operación (yo misma) llevó consigo la rueda a la tienda. Sin embargo, debido a una negligencia médica y a la falta de material de operación (no tengo herramientas, me apañé con un par de cuchillos romos viejos que encontré por el trastero) la paciente experimentó un severo rechazo del trasplante. Como factores agravantes, la nueva cámara sufrió daños de carácter leve, que será necesario suturar mediante un parche antes de intentar de nuevo el trasplante.

En estos momentos la paciente numero dos continúa en coma profundo, a la espera de una nueva intervención.

Este centro hospitalario irá informando impuntualmente sobre la evolución de la enferma.

20 octubre 2005

Tal para cual

Mi bici y yo hemos llegado a tal grado de compenetración que hasta nos ponemos malitas a la vez. A ella le duele una rueda y a mí se me ha pinchado la garganta… ¿o era al revés? Ya no sé distinguir…

El martes por la tarde, cuando salí y de clase iba yo toda contenta hacia el aparcamiento de bicis de mi facultad. Acababa de asistir la clase de derecho de la información, que es aburrida como ella sola, y en la que me es materialmente imposible copiar apuntes. El profe hace unas frases tan sumamente largas, que a los dos segundos de empezar a escribir ya no se cómo siguen. Y del vocabulario que usa ya no hablemos. Así que como tomar apuntes lo dejo por imposible, he optado por emplear mi tiempo en esa clase en algo más creativo, como por ejemplo, hacer dibujos. Así de paso decoro mi habitación. Pero que quede constancia de una cosa: aunque dibuje mientras el profe habla, mantengo encendida la antena, con lo que voy siguiendo cada uno de los temas que aborda.

Como iba diciendo antes de cambiar Amberes por los cerros de Úbeda, me disponía yo a coger mi bienamada bicicleta. Me acerqué, le quité el candado y la desplacé unos metros. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo iba mal. La rueda delantera estaba totalmente chafada y la llanta rozaba el suelo. Mis ánimos, tan solidarios ellos, descendieron hasta el suelo para hacer compañía a la rueda malherida. Y sin otra cosa en la mente que resignación, me dispuse a emprender el camino a casa andando.

El paseo duró cerca de dos horas. Tiempo suficiente para pensar en muchas cosas, observar el camino, la gente con la que te cruzas, y sobre todo da tiempo a pasar frío. Iba bien abrigada, pero se me hizo de noche y a esas horas por estas tierras refresca bastante. Yo ya llevaba un par de días con la garganta delicada, y esa fue la gota que colmó el vaso.

Y ahora estamos las dos un poco pachuchas. Pero sobreviviremos. Por trances peores hemos pasado. Un par de días y estaremos las dos como nuevas, dispuestas a seguir poniendo picas en estas tierras de Flandes.

11 octubre 2005

Burocracia, su lechuguita


La burocracia me persigue. Intento escapar de ella, pero no puedo. Y mira que es lenta, pero siempre me atrapa.

El estudiante erasmus mantiene con la burocracia una relación de amor (0,01%) y odio (99,99%). Si tenemos en cuenta el porcentaje, la cantidad de amor es puramente testimonial, más que nada para no tirar por tierra la expresión popular.

Ya antes de salir de España nos exigen millones de trámites y papeleos. Antes incluso de que nos concedan la beca. Sólo para solicitarla tienes que rellenar varios formularios, escribir una memoria explicativa, hacer un examen de idioma y no sé cuantas cosas más. Cuando te enteras de que te han concedido el erasmus, lo último en lo que piensas es en el calvario burocrático que te espera a partir de ese momento; pero está ahí, aunque no lo sepas, esperándote para minar tu paciencia. No obstante, Amberes bien vale una misa.

Todos los escalones burocráticos son necesarios. Unos están más empinados que otros, pero no te los puedes saltar. Yo los he ido siguiendo todos paso a paso y ahora me encuentro en un momento crucial: la elección de las asignaturas. De este escalón depende que me convaliden las asignaturas españolas o no. Ya he elegido las que quiero cursar y creo que se ajustan a las españolas en la medida de lo posible. Pero todo puede ser que luego me llamen de la Complutense y me digan: “Oye, mira, que nos parece fantástico que lleves tres meses estudiando para ese examen, pero no te va a servir de nada porque te tienes que coger otra asignatura”. Pero sin riesgo no hay emoción, y todo eso entra dentro de la experiencia del programa erasmus.

Las asignaturas que he elegido parecen interesantes. Digo que parece, porque la experiencia me dice lo engañosos que pueden ser los primeros días. Desde hace una semana y media voy todos los días a clase. Ya se ha pasado el periodo festivo de la primera semana y ahora toca volver a meter los pies en las alforjas.
Hasta ahora he podido entender las clases bastante bien, pero copiar apuntes ya es otra historia. Exige un esfuerzo mental considerable por mi parte, que no siempre da resultado. Por un lado tengo toda mi atención puesta en entender al profesor/a, que habla todo el rato en neerlandés, y por el otro intento seleccionar las partes esenciales del discurso para plasmarlas en el papel. Y ahí esta lo realmente complicado: ¿en qué idioma las escribo? Si lo intento traducir simultáneamente al español, no me da tiempo, y si intento escribir directamente en neerlandés, tampoco, porque mi escritura en dicho idioma no llega por ahora a tal punto de soltura. De manera que copio lo que puedo, y después le pido los apuntes a alguien de clase, para completar y para ver si lo que he apuntado tiene algo que ver con lo que ha dicho el profe. Por suerte tengo algunas compañeras de clase que son unos soletes y me prestan amable y pacientemente sus apuntes. Si me siguen aguantando durante lo que queda de curso me parece que se van a hacer merecedoras de un regalito, aunque sea algo más que nada simbólico, porque ya se sabe que la beca erasmus no da para hacer alardes de generosidad.

04 octubre 2005

Al otro lado de la frontera

Este fin de semana me he pasado de la raya. Bueno, de la raya que separa Bélgica de Holanda.

La mayoría de los estudiantes belgas que viven solos vuelven a casa los fines de semana. Yo no soy belga, pero soy estudiante, vivo sola y estoy decidida a mimetizarme con los de aquí. Así que yo he hecho lo mismo y me he ido a Eindhoven, que es como mi segunda casa.
Hacía dos años desde la última vez que estuve en Eindhoven, pero fue como si el tiempo no hubiera pasado. Me sentí automáticamente como en mi casa. Millones de recuerdos volvieron a mi memoria. Puede que algún lector no lo sepa pero yo, como todos, también tengo un pasado, y una parte de él transcurrió por tierras holandesas. Ha sido un fin de semana de encuentros y desencuentros. Pero si hago balance, pesa más lo positivo.

Lo positivo: reencuentros, visitas y comiditas ricas.

Llevo un mes cocinando para mí sola todos los días y más o menos intento aportar un poco de variedad a los menús. Pero, si soy sincera, mis comidas son bastante aburridas. Así que este fin de semana me he puesto las botas. Y menos mal que sólo han sido 3 días. Llegan a ser más y me veo desabrochándome el botón del pantalón. Pero ya lo he dicho antes, yo hago como todos los estudiantes que vuelven a casa. Si a ellos les espera una madre con un plato bien colmado (a las madres les encanta ver comer a sus hijos, lo admitan o no), a mí también. A mi no me esperaban mis padres biológicos, pero sí unos postizos que tengo allí (repito, yo también tengo un pasado…), con ricas comiditas.

El sábado fuimos a cenar a un restaurante cubano. Si, ya sé que suena a chiste que una española vaya a Holanda a cenar en un cubano, pero yo soy así de original. Era un restaurante con cocinero multiusos. Primero cocinaba y después, una vez cerrada la cocina, se cambiaba de ropa y enseñaba a bailar salsa y merengue en medio de las mesas. Todo un hallazgo para el dueño: dos empleados en uno. Los holandeses que también estaban cenando allí resultaron ser unos sosos, así que es fácil imaginar quién estuvo bailando con el cocinero la mayor parte del tiempo: yo. Me enseñaban a bailar gratis y hacía ejercicio para bajar la copiosa cena, ¿qué más se puede pedir?

El domingo fue el día de las visitas. Me sentí un poco Jefa de Estado, con un esquema con las horas y los lugares de encuentro. Pero es que si tienes poco tiempo y mucha gente a la que ver, hay que organizarse.

Lo negativo: que mis “papás postizos” holandeses se separan y me da mucha mucha pena. Nada volverá a ser lo mismo que antes. Es como si el tiempo que pasé en Holanda quedase aún más lejos y más inalcanzable.

Pero no escribo aquí para hablar del pasado ni para contar cosas tristes. Además, como ya he dicho antes, lo positivo pesa más que lo negativo.

P.D. Si alguno anda muy perdido con lo de mi pasado en los Países Bajos que pinche aquí.