"Limpia, fija y da esplendor"
El lunes estuve en una conferencia. Pero no de camarera como en las anteriores. A esta fui como asistente, que no te pagan en metálico, sino en conocimiento. No tenía invitación ni me había apuntado en ningún sitio como asistente, y casi llego tarde, pero me colé igual. En estas situaciones, o le echas morro o no haces na.
Me enteré de la conferencia gracias a Fee y a Lok Ming, dos chicas belgas súper simpáticas que están estudiando filología hispánica y con las que hago intercambio neerlandés-español. Estuve comiendo con ellas el lunes al medio día y me contaron que tenían que ir a una conferencia por la tarde para hacer un trabajo para clase. Me dijeron que me fuese con ellas, que la conferencia era en español y que estaban invitados los Duques de Soria (la hermana del rey Juancar y el marido de ésta). Yo no soy monárquica, pero me picaba la curiosidad por ver si la Infanta Margarita tenia tanto garbo y soltura hablando como el rey. Además, la cosa iba sobre la Fundación Duques de Soria, y claro, si era de Soria no podía dejar de ir, aunque sólo fuera para contárselo después a mi madre (que es soriana con orgullo).
Yo no tenía mucha idea de qué iban a hablar en la conferencia, pero no tenía mucho que hacer esa tarde y pensé que podía ser interesante. Y vaya si lo fue. Para mi grata sorpresa, uno de los oradores era el director de la Real Academia de la lengua Española, don Víctor García de la Concha. Su parte de la ponencia fue, con diferencia, la más interesante. Estuvo hablando del nuevo retoño de la RAE, el Diccionario Panhispánico de Dudas, y dio un repaso a la historia de la Academia y del proyecto en sí, pero desde siglos atrás. Qué manera de hablar,… Qué entusiasmo le ponía,… Qué vocabulario tan rico. Daba gusto oírle. Quizá usaba demasiados cultismos como para que los estudiantes belgas presentes pudieran entenderle bien, pero bueno, como no era mi caso, yo estaba encantada.
Por allí también andaba el rector de la Universidad de Amberes, que desde la mesa de presidencia ponía cara de estar muy interesado en el tema, pero, para mí, que no se estaba enterando de nada. Yo creo que la gente que ocupa cargos de ese tipo ya está acostumbrada a ir a muchos actos en esa circunstancia y desarrollan la capacidad de parecer absortos en el tema, pero en realidad están pensando en lo que van a hacer en el fin de semana.
La nota solemne según el 99% de los asistentes, pero la cómica según mi punto de vista, fue el discurso de doña Margarita de Borbón. A diferencia de los demás conferenciantes, que se levantaron y hablaron desde el estrado, ella leyó su discurso sentadita y desde la mesa de presidencia. Mejor así, no se fuera a caer o le fuera a dar un yuyu, porque no se la veía con mucha energía. A mi me recordaba mucho a su madre, la que tocaba el violín… Qué angustia oírla leer. Labia borbónica cien por cien. Se atascaba cada dos por tres y a veces parecía que se le iba a acabar la batería en cualquier momento. Cuando acabó el público le dedicó un sonado aplauso, quizá por haber logrado acabar el discurso, pero, sobre todo, porque al final la infanta nos sorprendió a todos con un “gracias por su atención” en neerlandés, y eso a los belgas les toca la fibra sensible. Al señor que estaba sentado a mi lado incluso se le escapó una lagrimita. En serio.
El caso opuesto al de la infanta en cuanto a oratoria fue un profesor belga de la universidad. Yo de mayor quiero ser como ese señor. Qué bien hablaba en español. El discurso lo iba leyendo, pero se notaba que lo había escrito él. Leía en español mil veces mejor que la infanta. Lo curioso es que yo a ese profesor lo conocí el domingo pasado mientras yo estaba trabajando. Él fue con un grupo de españoles (también presentes el lunes en la conferencia) a comer al Agora Caffé, y yo fui quien les sirvió la sopa. Una sopa en cuyo proceso de elaboracion yo también había colaborado. Y en cierto modo, me sentí orgullosa de mi sopa cuando le vi en el estrado dando el discurso, porque dicen que de lo que se come se cría.
Me enteré de la conferencia gracias a Fee y a Lok Ming, dos chicas belgas súper simpáticas que están estudiando filología hispánica y con las que hago intercambio neerlandés-español. Estuve comiendo con ellas el lunes al medio día y me contaron que tenían que ir a una conferencia por la tarde para hacer un trabajo para clase. Me dijeron que me fuese con ellas, que la conferencia era en español y que estaban invitados los Duques de Soria (la hermana del rey Juancar y el marido de ésta). Yo no soy monárquica, pero me picaba la curiosidad por ver si la Infanta Margarita tenia tanto garbo y soltura hablando como el rey. Además, la cosa iba sobre la Fundación Duques de Soria, y claro, si era de Soria no podía dejar de ir, aunque sólo fuera para contárselo después a mi madre (que es soriana con orgullo).
Yo no tenía mucha idea de qué iban a hablar en la conferencia, pero no tenía mucho que hacer esa tarde y pensé que podía ser interesante. Y vaya si lo fue. Para mi grata sorpresa, uno de los oradores era el director de la Real Academia de la lengua Española, don Víctor García de la Concha. Su parte de la ponencia fue, con diferencia, la más interesante. Estuvo hablando del nuevo retoño de la RAE, el Diccionario Panhispánico de Dudas, y dio un repaso a la historia de la Academia y del proyecto en sí, pero desde siglos atrás. Qué manera de hablar,… Qué entusiasmo le ponía,… Qué vocabulario tan rico. Daba gusto oírle. Quizá usaba demasiados cultismos como para que los estudiantes belgas presentes pudieran entenderle bien, pero bueno, como no era mi caso, yo estaba encantada.
Por allí también andaba el rector de la Universidad de Amberes, que desde la mesa de presidencia ponía cara de estar muy interesado en el tema, pero, para mí, que no se estaba enterando de nada. Yo creo que la gente que ocupa cargos de ese tipo ya está acostumbrada a ir a muchos actos en esa circunstancia y desarrollan la capacidad de parecer absortos en el tema, pero en realidad están pensando en lo que van a hacer en el fin de semana.
La nota solemne según el 99% de los asistentes, pero la cómica según mi punto de vista, fue el discurso de doña Margarita de Borbón. A diferencia de los demás conferenciantes, que se levantaron y hablaron desde el estrado, ella leyó su discurso sentadita y desde la mesa de presidencia. Mejor así, no se fuera a caer o le fuera a dar un yuyu, porque no se la veía con mucha energía. A mi me recordaba mucho a su madre, la que tocaba el violín… Qué angustia oírla leer. Labia borbónica cien por cien. Se atascaba cada dos por tres y a veces parecía que se le iba a acabar la batería en cualquier momento. Cuando acabó el público le dedicó un sonado aplauso, quizá por haber logrado acabar el discurso, pero, sobre todo, porque al final la infanta nos sorprendió a todos con un “gracias por su atención” en neerlandés, y eso a los belgas les toca la fibra sensible. Al señor que estaba sentado a mi lado incluso se le escapó una lagrimita. En serio.El caso opuesto al de la infanta en cuanto a oratoria fue un profesor belga de la universidad. Yo de mayor quiero ser como ese señor. Qué bien hablaba en español. El discurso lo iba leyendo, pero se notaba que lo había escrito él. Leía en español mil veces mejor que la infanta. Lo curioso es que yo a ese profesor lo conocí el domingo pasado mientras yo estaba trabajando. Él fue con un grupo de españoles (también presentes el lunes en la conferencia) a comer al Agora Caffé, y yo fui quien les sirvió la sopa. Una sopa en cuyo proceso de elaboracion yo también había colaborado. Y en cierto modo, me sentí orgullosa de mi sopa cuando le vi en el estrado dando el discurso, porque dicen que de lo que se come se cría.



3 Comments:
Si es que al final, la familia real, no solo son buenos como embajadores, si no tambien como oradores. Si es que.....
chiquilla, qué interesante me lo pones!!! jejeje
un beso... y es que en todos los lugares se aprende algo.
Estos borbones, siempre trabajando XD, y aún tienen tiempo de aprender holandés.
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