04 octubre 2005

Al otro lado de la frontera

Este fin de semana me he pasado de la raya. Bueno, de la raya que separa Bélgica de Holanda.

La mayoría de los estudiantes belgas que viven solos vuelven a casa los fines de semana. Yo no soy belga, pero soy estudiante, vivo sola y estoy decidida a mimetizarme con los de aquí. Así que yo he hecho lo mismo y me he ido a Eindhoven, que es como mi segunda casa.
Hacía dos años desde la última vez que estuve en Eindhoven, pero fue como si el tiempo no hubiera pasado. Me sentí automáticamente como en mi casa. Millones de recuerdos volvieron a mi memoria. Puede que algún lector no lo sepa pero yo, como todos, también tengo un pasado, y una parte de él transcurrió por tierras holandesas. Ha sido un fin de semana de encuentros y desencuentros. Pero si hago balance, pesa más lo positivo.

Lo positivo: reencuentros, visitas y comiditas ricas.

Llevo un mes cocinando para mí sola todos los días y más o menos intento aportar un poco de variedad a los menús. Pero, si soy sincera, mis comidas son bastante aburridas. Así que este fin de semana me he puesto las botas. Y menos mal que sólo han sido 3 días. Llegan a ser más y me veo desabrochándome el botón del pantalón. Pero ya lo he dicho antes, yo hago como todos los estudiantes que vuelven a casa. Si a ellos les espera una madre con un plato bien colmado (a las madres les encanta ver comer a sus hijos, lo admitan o no), a mí también. A mi no me esperaban mis padres biológicos, pero sí unos postizos que tengo allí (repito, yo también tengo un pasado…), con ricas comiditas.

El sábado fuimos a cenar a un restaurante cubano. Si, ya sé que suena a chiste que una española vaya a Holanda a cenar en un cubano, pero yo soy así de original. Era un restaurante con cocinero multiusos. Primero cocinaba y después, una vez cerrada la cocina, se cambiaba de ropa y enseñaba a bailar salsa y merengue en medio de las mesas. Todo un hallazgo para el dueño: dos empleados en uno. Los holandeses que también estaban cenando allí resultaron ser unos sosos, así que es fácil imaginar quién estuvo bailando con el cocinero la mayor parte del tiempo: yo. Me enseñaban a bailar gratis y hacía ejercicio para bajar la copiosa cena, ¿qué más se puede pedir?

El domingo fue el día de las visitas. Me sentí un poco Jefa de Estado, con un esquema con las horas y los lugares de encuentro. Pero es que si tienes poco tiempo y mucha gente a la que ver, hay que organizarse.

Lo negativo: que mis “papás postizos” holandeses se separan y me da mucha mucha pena. Nada volverá a ser lo mismo que antes. Es como si el tiempo que pasé en Holanda quedase aún más lejos y más inalcanzable.

Pero no escribo aquí para hablar del pasado ni para contar cosas tristes. Además, como ya he dicho antes, lo positivo pesa más que lo negativo.

P.D. Si alguno anda muy perdido con lo de mi pasado en los Países Bajos que pinche aquí.

3 Comments:

At 06 octubre, 2005 17:51, Anonymous Anónimo said...

Al muñeco parece que le ha entrado el baile de san vito, y de salsa nada de nada. Eso si, me reservo el alrgarnos una noche de salsa en cuanto regreses.

 
At 07 octubre, 2005 20:07, Blogger Álvaro said...

El amor sucks, está más que comprobado

 
At 11 octubre, 2005 22:56, Anonymous Anónimo said...

Hoi marta,

Ik heb het Eindhoven verhaal gelezen en het meeste gesnapt, erg leuk vooral dat figuurtje is echt grappig. Knap van jou, wil ik ook leren!
liefs, Ine

 

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