La odisea del espacio
Cuando te conceden el erasmus, normalmente la tercera cosa que te pregunta la gente cuando se lo cuentas es dónde vas a vivir: piso compartido, residencia, familia de acogida o bajo un puente. Digo que es la tercera pregunta porque la primera suele ser: “¿Adónde te vas?”. Cuando les dices el nombre de la ciudad normalmente no saben donde está, de manera que es necesario pasar a la segunda pregunta: ¿y eso en qué país está?”.
Buscar alojamiento de forma no presencial es bastante complicadillo. La Universidad de Amberes te lo busca si tu estancia de erasmus es como máximo de 6 meses. Si se da el caso (como en el mío) de que te quedas todo el curso, ahí apáñatelas como puedas. Bueno, no estoy siendo justa. Tengo que decir que la universidad da ciertas opciones a través de su página web, donde tienen una especie de base de datos de habitaciones de alquiler (la kotweb). Esta página puede ser útil. Pero solo puede. Para ello tienen que darse una serie de condiciones. La primera, que sepas como funciona el sistema de búsqueda, que no está demasiado claro, sobre todo si no se cumple la siguiente condición: que entiendas neerlandés (porque los anuncios de habitaciones están en el idioma autóctono). Pero aunque entiendas el idioma (como en mi caso), sigue sin ser una página muy útil.
Yo abandoné el sistema del kotweb al segundo intento y empecé a buscar por mis propios medios. Encontré (bueno, miento, me pasaron [muchas gracias, Isabelle]) una página en internet de ayuda al estudiante belga: http://www.student.be/. A través de esa página encontré una habitación que tenía buena pinta, en el centro de la ciudad y a un precio muy aceptable. Me puse en contacto con el dueño, que (sorpresa) hablaba español perfectamente (está aun sin confirmar, pero sospecho que es hijo de españoles emigrados durante los años 60). Después de unos cuantos mails con información y algunas fotos de la casa llegamos a un acuerdo y decidí alquilar la habitación. Sí, ya se que es un poco arriesgado alquilar sin haber visto en persona el lugar, pero quería llegar a Amberes y tener un sitio concreto donde quedarme, aunque fuese temporal. Podría haberme ido primero a un albergue y buscar una vez aquí, que es otra opción muy respetable, pero yo me decanté por la primera.
Total, que el taxi-mercedes me dejó en la puerta de la casa. Seguí las instrucciones que me había dado el casero y llamé a un chico del segundo piso, que en teoría tenía mis llaves. Aquí volvemos de nuevo a la diferencia entre la teoría y la práctica. En teoría el anterior inquilino de mi habitación tenía que haberse marchado hacía días. Esto en parte se cumplía, porque él no estaba, pero estaban todas sus cosas, así que la teoría volvía a fallar. Y ahí estaba yo, todavía cansada de arrastrar las maletas, en medio del portal, ante una escalera superestrecha (no pasan dos personas juntas) y aún mas empinada. Y mientras agonizaba pensando en cómo iba yo a subir mis treinta y pico kilos de equipaje por ahí, mi vecino me daba la infeliz noticia. La “buena” noticia era que al día siguiente venía el chico a recoger sus trastos y que esa noche la podía pasar en otra habitación que estaba aun libre. Pensé: “bueno, después de este viaje no me importa esperar si mientras tengo una cama para descansar”. Subí a la habitación (sin maletas, solo para echar una ojeada) y, ¡sorpresa!, la cama no tenía colchón. Vaya día. Iba una detrás de otra. Aquí entraron en escena dos de mis compañeros de casa: Frederik (el que me había abierto la puerta) y Wouter. Unos santos. No sé qué habría hecho sin ellos. Frederik bajó de su habitación un colchón de espuma que tenía para los invitados y mientras, Wouter me subió las maletas (sin que yo se lo pidiese, que conste que fue iniciativa propia). Y ahí pasé la primera noche y la mayor parte del día siguiente.
La habitación quedó libre al día siguiente (miércoles 31) por la tarde-noche. En teoría ya estaba todo solucionado. Pero… ¿Qué ocurre con la teoría? Pues eso mismo. Subo a mi habitación (en la tercera planta) y me quedo a cuadros. No era ni de lejos como en la foto que yo había visto. El casero me había dicho que la habitación era de 16m cuadrados, tenía una cama con colchón, un armario, una estantería, una cajonera, una mesa y una silla. Pero lo que yo vi ahí era muy diferente: la cama no tenía colchón, no había mesa (aunque, eso sí, había dos sillas y un taburete, todo hay que decirlo), la parte trasera de la cama estaba desprendida, la estantería no era de madera sino de hierros (de las que hay en las ferreterías), el armario tenía una bisagra rota, había pelusas del tamaño de un puño y faltaban metros cuadrados. El lado positivo era que la cajonera sí estaba y que había una neverita, pero claro, la neverita no me servía de colchón…
Yo con mi cara de circunstancias y mientras, Wouter y Frederik subiéndome las maletas (de nuevo por iniciativa propia, qué majos…). Les conté lo que pasaba y entre los tres intentamos localizar al casero, pero no pudimos. Ahí fue cuando me enteré de que el dueño vive en Luxemburgo, pero viene los fines de semana a Amberes. Me angustié bastante, para qué nos vamos a engañar. Desde mi llegada a Bélgica me estaba saliendo todo al revés. Conseguimos contactar con el encargado de mantenimiento de la casa, que (sorpresa) también era español (supongo que emigrado también en los 60, como tanta y tanta gente). Gregorio, que así se llama este señor, me dijo que no me preocupase (¡qué fácil!), que al día siguiente por la mañana ya venía él a reparar lo que hiciera falta. Y mientras, yo sin colchón y con un nudo en la garganta del tamaño del peñón. Pero ahí estaban de nuevo mis dos ángeles de la guarda para subirme el colchón de la noche anterior y para hacerme compañía mientras me calmaba. Me sentía fatal y tenía ganas de pillar al dueño para soltarle todo lo que se me estaba pasando por la cabeza. Como no le podía localizar por teléfono, le mandé un mail expresándole TODA mi indignación. Eso sí, respetando las formas, que una tiene su educación. Menos de cinco minutos después de haber enviado el mail me llamó el casero al móvil y tras media hora larga de conversación me quedé más tranquila. Me dio su palabra de que todo se iba a solucionar lo antes posible y me dijo que le pidiese a Gregorio todo lo que necesitase. Y cumplió su palabra, porque al día siguiente, antes del medio día, ya tenía un colchón nuevo, una mesa nueva y la cama estaba arreglada, al igual que el armario. Además, me van a traer una estantería nueva y quizá me consigan una tele, aparte de cierta reducción del precio del alquiler por los metros cuadrados que no cuadran con lo que se había acordado.
Así que después de todo el calvario de los dos primeros días al final todo ha salido bien: tengo una habitación barata, luminosa, con internet de banda ancha y cada vez más completa, en el corazón de la ciudad (justo en el barrio universitario), tengo unos compañeros de casa con los que sé que puedo contar en caso de problemas y poco a poco me voy sintiendo como en mi propia casa, que en definitiva es de lo que se trata.
Buscar alojamiento de forma no presencial es bastante complicadillo. La Universidad de Amberes te lo busca si tu estancia de erasmus es como máximo de 6 meses. Si se da el caso (como en el mío) de que te quedas todo el curso, ahí apáñatelas como puedas. Bueno, no estoy siendo justa. Tengo que decir que la universidad da ciertas opciones a través de su página web, donde tienen una especie de base de datos de habitaciones de alquiler (la kotweb). Esta página puede ser útil. Pero solo puede. Para ello tienen que darse una serie de condiciones. La primera, que sepas como funciona el sistema de búsqueda, que no está demasiado claro, sobre todo si no se cumple la siguiente condición: que entiendas neerlandés (porque los anuncios de habitaciones están en el idioma autóctono). Pero aunque entiendas el idioma (como en mi caso), sigue sin ser una página muy útil.
Yo abandoné el sistema del kotweb al segundo intento y empecé a buscar por mis propios medios. Encontré (bueno, miento, me pasaron [muchas gracias, Isabelle]) una página en internet de ayuda al estudiante belga: http://www.student.be/. A través de esa página encontré una habitación que tenía buena pinta, en el centro de la ciudad y a un precio muy aceptable. Me puse en contacto con el dueño, que (sorpresa) hablaba español perfectamente (está aun sin confirmar, pero sospecho que es hijo de españoles emigrados durante los años 60). Después de unos cuantos mails con información y algunas fotos de la casa llegamos a un acuerdo y decidí alquilar la habitación. Sí, ya se que es un poco arriesgado alquilar sin haber visto en persona el lugar, pero quería llegar a Amberes y tener un sitio concreto donde quedarme, aunque fuese temporal. Podría haberme ido primero a un albergue y buscar una vez aquí, que es otra opción muy respetable, pero yo me decanté por la primera.
Total, que el taxi-mercedes me dejó en la puerta de la casa. Seguí las instrucciones que me había dado el casero y llamé a un chico del segundo piso, que en teoría tenía mis llaves. Aquí volvemos de nuevo a la diferencia entre la teoría y la práctica. En teoría el anterior inquilino de mi habitación tenía que haberse marchado hacía días. Esto en parte se cumplía, porque él no estaba, pero estaban todas sus cosas, así que la teoría volvía a fallar. Y ahí estaba yo, todavía cansada de arrastrar las maletas, en medio del portal, ante una escalera superestrecha (no pasan dos personas juntas) y aún mas empinada. Y mientras agonizaba pensando en cómo iba yo a subir mis treinta y pico kilos de equipaje por ahí, mi vecino me daba la infeliz noticia. La “buena” noticia era que al día siguiente venía el chico a recoger sus trastos y que esa noche la podía pasar en otra habitación que estaba aun libre. Pensé: “bueno, después de este viaje no me importa esperar si mientras tengo una cama para descansar”. Subí a la habitación (sin maletas, solo para echar una ojeada) y, ¡sorpresa!, la cama no tenía colchón. Vaya día. Iba una detrás de otra. Aquí entraron en escena dos de mis compañeros de casa: Frederik (el que me había abierto la puerta) y Wouter. Unos santos. No sé qué habría hecho sin ellos. Frederik bajó de su habitación un colchón de espuma que tenía para los invitados y mientras, Wouter me subió las maletas (sin que yo se lo pidiese, que conste que fue iniciativa propia). Y ahí pasé la primera noche y la mayor parte del día siguiente.
La habitación quedó libre al día siguiente (miércoles 31) por la tarde-noche. En teoría ya estaba todo solucionado. Pero… ¿Qué ocurre con la teoría? Pues eso mismo. Subo a mi habitación (en la tercera planta) y me quedo a cuadros. No era ni de lejos como en la foto que yo había visto. El casero me había dicho que la habitación era de 16m cuadrados, tenía una cama con colchón, un armario, una estantería, una cajonera, una mesa y una silla. Pero lo que yo vi ahí era muy diferente: la cama no tenía colchón, no había mesa (aunque, eso sí, había dos sillas y un taburete, todo hay que decirlo), la parte trasera de la cama estaba desprendida, la estantería no era de madera sino de hierros (de las que hay en las ferreterías), el armario tenía una bisagra rota, había pelusas del tamaño de un puño y faltaban metros cuadrados. El lado positivo era que la cajonera sí estaba y que había una neverita, pero claro, la neverita no me servía de colchón…
Yo con mi cara de circunstancias y mientras, Wouter y Frederik subiéndome las maletas (de nuevo por iniciativa propia, qué majos…). Les conté lo que pasaba y entre los tres intentamos localizar al casero, pero no pudimos. Ahí fue cuando me enteré de que el dueño vive en Luxemburgo, pero viene los fines de semana a Amberes. Me angustié bastante, para qué nos vamos a engañar. Desde mi llegada a Bélgica me estaba saliendo todo al revés. Conseguimos contactar con el encargado de mantenimiento de la casa, que (sorpresa) también era español (supongo que emigrado también en los 60, como tanta y tanta gente). Gregorio, que así se llama este señor, me dijo que no me preocupase (¡qué fácil!), que al día siguiente por la mañana ya venía él a reparar lo que hiciera falta. Y mientras, yo sin colchón y con un nudo en la garganta del tamaño del peñón. Pero ahí estaban de nuevo mis dos ángeles de la guarda para subirme el colchón de la noche anterior y para hacerme compañía mientras me calmaba. Me sentía fatal y tenía ganas de pillar al dueño para soltarle todo lo que se me estaba pasando por la cabeza. Como no le podía localizar por teléfono, le mandé un mail expresándole TODA mi indignación. Eso sí, respetando las formas, que una tiene su educación. Menos de cinco minutos después de haber enviado el mail me llamó el casero al móvil y tras media hora larga de conversación me quedé más tranquila. Me dio su palabra de que todo se iba a solucionar lo antes posible y me dijo que le pidiese a Gregorio todo lo que necesitase. Y cumplió su palabra, porque al día siguiente, antes del medio día, ya tenía un colchón nuevo, una mesa nueva y la cama estaba arreglada, al igual que el armario. Además, me van a traer una estantería nueva y quizá me consigan una tele, aparte de cierta reducción del precio del alquiler por los metros cuadrados que no cuadran con lo que se había acordado.
Así que después de todo el calvario de los dos primeros días al final todo ha salido bien: tengo una habitación barata, luminosa, con internet de banda ancha y cada vez más completa, en el corazón de la ciudad (justo en el barrio universitario), tengo unos compañeros de casa con los que sé que puedo contar en caso de problemas y poco a poco me voy sintiendo como en mi propia casa, que en definitiva es de lo que se trata.



4 Comments:
Hola Marta!!! Me alegro de que todo se fuera solucionando poco a poco... pero hay que reconocer que si hubiese sido yo no hubiera tenido esa paciencia infinita...
Me ha encantado leer tu blog, me lo he pasado realmente bien, con ganas de más y más historias que leer... jajaja... espero que pronto nos cuentes más, porque me he picado leyendo.
Un besote muy fuerte, te deseo lo mejor.
Ciao!!!
Desde luego una historia de película cómica. Hasta los dos vecinos parecen sacados de una pelicula.Supongo que es de estas en las que, en el momento lo pasas fatal, pero al de un tiempo te acabas riendo de ellas.
Respecto a las ciudades a las que vas, normalmente suelen conocerlas los que entienden mucho de futbol porque se saben todas las ciudades europeas que tienen equipos (Casi como yo)
Pues nada alla en Bélgica a ver si te agencias una bici, porque está a la orden del día, algo que sería impensable en Madrid.
Y nada más, cuidate mucho
Ya somos dos contando aventuras! fichada estás. Cuando pueda cambiar los enlaces te incluyo (no sé q le pasa que no se me carga bien).
Quería todo lo del IKEA.. jorrr menos mal q he ido en bici, que sino quemo la visa.
Buenas
Espero que estos días sin noticias quieran decir que te encuentras en pleno reconocimiento de la ciudad.
Veo que tus compañeros se están portando como tu te mereces.
Pro aquí cacique comenta que es de película cómica, cierto, pero yo ya habría clamado varios gritos al cielo y me estaría desesperando.
por aquí preparando trabajos y estudiando. Con ganas de que empiece el curso y la rutina (los calores por fin nos están abandonando por aquí, era hora).
bESOS
Publicar un comentario
<< Home