12 septiembre 2005

Kinderkopjes

En Flandes no eres nadie sin una bici. Por eso hasta ayer yo no era nadie en esta ciudad. La bicicleta era una pieza esencial en mi proceso de integración en esta sociedad. He tardado una semana y media en conseguirla, pero por fin tengo bici.

Es algo vieja. Se podría decir que he ido a por ella al asilo. La he rescatado de las manos de la vejez y el olvido para devolverla a la vida activa. No sé con certeza de qué mano es, pero apostaría a que pasa de la tercera. Quizá hasta hayamos nacido en el mismo año…, pero, claro, los años de las bicis son como los de los perros, que pasan de 7 en 7.
Se la he comprado a un señor que tiene un taller de bicicletas. En este sitio, este afable caballero te hace las bicis a medida. En serio. Cuando le encargas una bici te pregunta la altura y si la quieres de hombre (con barra atravesada, que aún no sé para que sirve esa barra ahí, si en teoría se pueden hacer más daño que las mujeres si se dan con ella…) o de mujer (con la barra sensiblemente más baja). Es como ir al sastre, porque en cierto modo, estas bicis también están hechas a base de retales. O como tener una bici a lo Frankenstein, creada a partir de los cadáveres de otros velocípedos.


Como decía, mi bici es algo añeja, pero es útil y resistente (o al menos eso espero). Aún no está completa del todo. Le falta la pata de cabra y un candado bien grande con una cadena. Ambas cosas iré a ponérselas el miércoles, porque ayer al bicicletero del taller no le quedaban recambios. Estoy pensando en ponerle también unas alforjas en la parte trasera para cuando vaya a hacer la compra, pero dependerá de lo que cuesten (la eterna búsqueda de ofertas…).

Ya me he dado unas cuantas vueltas por la ciudad con ella, para que nos vayamos habituando la una a la otra. Pero cuando aún era peatona no había caído en la cuenta de que montar aquí en bici no es tan fácil. Cuando digo “aquí” me refiero sobre todo a mi barrio, al casco antiguo de Amberes. La dificultad radica en el trazado enrevesado y casi medieval de las calles y, sobre todo, en el empedrado. El trazado presenta un inconveniente porque hay millones de calles de un solo sentido, y yo aún no tengo muy claro si puedo ir con la bici en ambos sentidos si un coche no puede. Vamos, que me vuelvo loca mirando las señales y al final me meto por donde más me parece, a riesgo de provocar un accidente.
La segunda dificultad es el adoquinado del ochenta por ciento de las calles. Son unos pedruscos enormes y no siempre están todo lo juntitos que sería deseable. Eso provoca que al rodar a la bici le entre un tembleque como el de las cintas anticelulíticas que anuncian en la teletienda. Los adoquines transfieren a las ciudades un encanto histórico, pero no son prácticos para rodar sobre ellos, y menos sobre los de aquí, que además son un poco macabros. A simple vista son como los demás, pero seguro que hay algo rancio detrás… El otro día aprendí que en Flandes los adoquines se llaman “kinderkopjes”, es decir, cabecitas de niño. Y ahí cada uno que saque sus conclusiones…
Pero esto no es todo, hay un tercer factor a tener en cuenta si montas en bici en Amberes. Y es que no sólo tienes que estar atenta a los coches, las señales y los semáforos. También tienes que interactuar con los tranvías y con sus raíles. Si un coche va a pasar junto a una bici se puede apartar un poco, pero un tranvía lo tiene algo más complicado… Y los raíles son otra historia, porque las ruedas de las bicicletas clásicas son bastante finas y si te despistas se cuelan por la ranura del raíl, y puedes acabar besando las “kinderkopjes”.
Por todo esto, creo que a los estudiantes erasmus no sólo nos deberían dar un cursillo intensivo de neerlandés al llegar a Flandes, sino también uno de seguridad vial sobre dos ruedas.

6 Comments:

At 12 septiembre, 2005 09:59, Anonymous Anónimo said...

Bueno la verdad es que allí la cultura sobre las bicis es diferente. En primer lugar porque allí se usan mucho, y las usa todo el mundo. Desde estudiantes de erasmus a gente con traje y corbata. Algo que aquí sería inadmisible.

A mí en mí trabajo me prohibieron meter la bici dentro de mi empresa (un recibidor bastante grande donde no molestaba a nadie) porque daba "mala imagen". Aún así la intento traer siempre que no llueve y la dejo en otro sitio. Y eso que en mi empresa hacen campañas a favor del medio ambiente, que eso me da más rabia aún.

Luego otra de las cosas es que las bicis vuelven a tener varias vidas. Como dice Marta, la bici será de tercera o cuarta mano, y ella está con la ilusión de hacerla "tunning". Aquí te compras la bici (y no cualquier bici, como allí), la usas cuatro días, y cuando ves que hay que dar pedales dejas que el polvo la cubra de olvido en el desván.

En cuanto a la manera de circular es parecida a Amsterdam. Aunque allí no recuerdo que hubiese tantos kinderkopjes. Pues nada como decía Chiquito "Precausion amigo conductorrrrr!". A cuidarse muchos!

 
At 12 septiembre, 2005 19:33, Blogger AlexSlocker said...

¿Podrías subir una foto de la bici para que la veamos en toda su gloria? Creo que sería interesante que si no tienes una cámara de afotos digital te hicieras con una... a un precio más que razonable, por supuesto ;).

Enhorabuena, me encanta el blog :D

 
At 12 septiembre, 2005 20:02, Anonymous Anónimo said...

No te nos vayas a volver lisiada, eh???

Un besito.

 
At 12 septiembre, 2005 21:04, Blogger marta said...

por favor, firmad los comentarios, que si no no sé de quién es cada uno :-)
gracias!

 
At 12 septiembre, 2005 22:29, Blogger Álvaro said...

a mi ya me ha pasado lo de meterme la ostia por que se me quede la rueda dentro del rail del tram.. me pasa por flipao. Lo sé :)



skjve____ la palabra rara que me hacen poner hoy para poder comentarte

 
At 16 septiembre, 2005 21:03, Blogger Paco Segado said...

"Cabecitas de niños"... Como son estos belgas...

¡Espero que tu próxima compra al moro un poco bizco sea un casco! Un abrazo y mucha precaución vial.

 

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