10 septiembre 2005

De compras en la morería

Las becas erasmus son famosas por muchas cosas, pero no precisamente por su generosidad económica. Por si alguno no sabe exactamente a cuanto asciende esta beca, puede que le asuste leer lo siguiente: al mes te dan 90 tristes euros (al menos en la Universidad Complutense de Madrid). Este año Caja Madrid ha sacado unas ayudas adicionales de 500€ al mes - y ahí ya estamos hablando de cantidades razonables -, pero son solo para unos pocos (no voy a decir “unos pocos privilegiados”, porque los beneficiarios son precisamente los que más las necesitan). Los que no somos ricos, pero tampoco hemos obtenido la ayuda extra de Caja Madrid - la gran mayoría de los estudiantes erasmus de España -, tenemos que apañarnos con la vergonzosa cantidad de 90€ al mes. Es triste pero es verdad.
A esta circunstancia hay que añadir otra que ya he comentado con anterioridad: el límite de 20kg de equipaje para facturar. Si combinamos ambas situaciones obtenemos una característica casi aplicable a todo estudiante erasmus, es decir, la infatigable búsqueda de ofertas. Y es que llegar de nuevas a un país no es barato. Hay un montón de cosas que no te puedes traer en la maleta. Por ejemplo, una sartén, un edredón o, en mi caso concreto, una bicicleta.

Después de la tormenta siempre llega la calma y yo, como buena erasmus, una vez superada “la odisea del espacio”, también he tenido que hacer frente a esa lista casi interminable de gastos necesarios: un edredón para la cama, una almohada, un par de platos, algunos vasos, una sartén, una cacerola, y por supuesto, comida y papel higiénico, entre otras muchas cosas. En resumen, cosas importantes para el día a día, pero que, por supuesto, no podré llevarme de vuelta a Madrid. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El inconveniente es, como ya he dicho, que después de este año todo lo que compre lo tendré que dejar aquí. La ventaja es que como solo es para un curso, no necesito que sean cosas duraderas y, por tanto, de calidad, lo que abarata el precio de forma considerable.
En España, el lugar ideal para comprar todas esas cosas son las polivalentes tiendas de chinos. En Amberes hay una gran variedad cultural y étnica pero, por increíble que parezca, apenas he visto chinos. No obstante, he encontrado el equivalente perfecto: las tiendas de los marroquíes, pakistaníes y turcos (bueno, esta enumeración de nacionalidades no tiene ninguna rigurosidad, porque no les he pedido el pasaporte, pero seguro que no voy muy desencaminada).
No muy lejos de mi casa hay una calle llena de estas tiendas, donde se puede encontrar casi cualquier cosa, desde fruta a una aspiradora, y todo a un precio más que razonable. Y lo mejor de todo es que se puede regatear un poco con algunos vendedores. Ir a hacer la compra a estos sitios tiene mucho más encanto que ir al supermercado. No me imagino al cajero del súper diciéndome que si me llevo el edredón y la almohada juntos me lo deja más barato. Eso me lo dijo un moro un poco bizco que regenta una de estas tiendecillas. Me cayó simpático y desde entonces le he comprado más cosas.
A pesar de todo, para algunas cosas de comida sigo yendo al súper, donde tienen más variedad de marcas y está todo un poco más limpio. Incluso me he hecho la tarjeta de cliente, que es como la del Día, y te dan puntos. El problema es que aún no sé como canjearlos ni para qué sirven pero, para qué lo voy a negar, así me siento más integrada y menos guiri.

6 Comments:

At 10 septiembre, 2005 19:58, Anonymous Anónimo said...

bueno bueno bueno martiiiiiiiiiiii, q juerte, q juerte, q juerte, me arañaba p'arriba cuando he leido q te has tenido que comprar, sartenes, platos...y ejem ejem,,,ALGUNA QUE OTRA TAZA NO???? jajajajajaj

mirala, como liga con los morosssssssssss, ( el detalle de la bizquera del marroqui ha tenido su punto...)tiaaaaaa, tu diles q estudias arabeeeee y te haran mas descuentoooooooo y podras practicar!!!
jope, cuando vengas vas a venir poliglota total, nos vas a dar sopas con hondas !!!!! q suerte aprovecha tu q puedesssssss

y que decirte mas hijaaaaaaaa, q me corroe la envidiaaaaaaa, y q me estoy planteando cada vez mas seriamente el ir a verteeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!

a todo esto,,, q no hay chinos?? uyyyyyyyyy eso es raru raru raru....eso es q no es un gran pais, pq todo pais q se precie,,,,tiene sus chinos mafiosos a la vuelta de la esquinaaaaaa!!

 
At 11 septiembre, 2005 20:20, Blogger Álvaro said...

Hoe gaat het met jou!

yo estoy deseando hacerme socio del super DELHAIZE, que para mi es el guapo. GB no me mola nada y es más caro!

 
At 12 septiembre, 2005 00:03, Anonymous Anónimo said...

Lo que hace ir de compras, chiquilla...

Un besazo.

 
At 12 septiembre, 2005 10:05, Anonymous Anónimo said...

Yo también estoy sorprendido con que no haya muchos chinos. Y esa telecomida china los dias que no te apetece cocinar?mmmmm me parece que le vas a ir teniendo que pegar al "kebab", que a mi me encanta por cierto. Con esa salsa picante que te deja las manos todas pringosas jejeje

Pues nada cuando tengas muchos puntos ya nos dirás a ver si te han dado la botellita de champán y el coco

 
At 12 septiembre, 2005 19:26, Blogger marta said...

me explico, sí hay algun restaurante chino, pero ni hay tantos como en España (al menos en Madrid) ni hay tiendas de todo a 100 de chinos (al menos que yo haya visto...)

 
At 17 septiembre, 2005 21:20, Blogger Don Agrio said...

Esto depende de las ciudades; en Barcelona los "20 duros" los tienen chinos, en su mayoría, mientras que los antiguos comercios de alimentación (colmados, vamos) están en manos de árabes y pakistaníes.

Es decir, la cosa está repartida, no como en Madrid, que parece un apéndice de Hong Kong o, por lo leído, Amberes (pero a la inversa).

Por cierto, ya sé hacer el cus cus ese que comimos en el árabe! Ya te pasaré la receta, que está tirado de hacer, jeje.

 

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